23 de febrero, 2009.
Nuestra misión de esta tarde era otra. Teníamos la intención de comer en un restaurante que cierra los lunes, pero nos topamos con este otro de comida argentina-uruguaya que tiene una ubicación sensacional frente a la glorieta de Citlaltepetl esquina con Amsterdam. El exterior no te dice mucho, un anuncio en azul y blanco un tanto desgastado esconde a un establecimiento sencillamente decorado, con muy buen gusto y cómodo.
La concurrencia era muy escasa. Apenas unas ocho personas en total en la planta baja y desolado en el segundo piso que es muy grande. La mayoría de los asistentes eran oficinistas de la zona.
Su carta es amplia y ofrecen los platillos tradicionales. Sin embargo, yo opté por un menú ejecutivo que incluyó una ensalada mixta nada interesante, jugo de carne sin chiste, una porción aceptable de chorizo argentino de muy buen sabor, un corte de 200 gramos nada suave que además se pasó de término, un postre que deja mucho que desear. Todo por $180 pesos. Mi compañero de tarde decidió pedir una arrachera de 300 gramos que le gustó (difícil juzgar ya que a él le gusta la carne casi quemada, rociada con limón y con una tonelada de chimichurri) y una empanada de carne que también disfrutó.
En cuanto a vino por copeo sólo tienen tres opciones. El Malbec que pedimos por $50 cada copa no estuvo mal y la porción fue de tamaño normal. Ni mucho, ni poco.
El servicio fue cortés y adecuado. La sorpresa fue el cargo de $15 por cubierto que no noté al ordenar ni al revisar la cuenta.
Según el personal, está prohibido tomar fotografías ya que corren el riesgo de que alguien se fusile el nombre. Nos sentimos incómodos cuando uno de nosotros subió a conocer el segundo piso ya que nos cuestionaron al respecto.
Recomendación: En restaurantes hay muchas y mejores opciones en la Condesa. Si hay un terremoto y solamente queda un restaurante de comida argentina en la ciudad, mejor vete a comer unos tacos.