Empezaré diciendo que no soy crítico de restaurantes profesional. De hecho, solamente soy una apasionado de comer en lugares diferentes y trato de siempre ir a un lugar distinto. También aclaro no ser fan de los restaurantes de cadena, pero en este caso mi obligación es ser objetivo y confesar que voy al Quebracho con mucha frecuencia.
El Quebracho está ubicado estratégicamente en Atlixco 93 casi esquina con Michoacán junto a la tienda Adidas. Como la zona es conflictiva para estacionarse, cuentan con servicio de valet parking que yo no he necesitado porque siempre llego a pie. Este restaurante de comida argentina se estableció en una casa típica de la zona, la cual remodelaron ofreciendo a los clientes la posibilidad de comer en mesas colocadas en el exterior, en la planta baja y en su segundo piso que tiene una agradable vista a la calle a través de los balcones que permiten la entrada de mucha y luz que da la sensación de estar muy ventilado. Ta que soy fumador, siempre elijo la sección de afuera donde además tengo shows musicales de los muchos trovadores locales.
La concurrencia es heterogenea. Profesionistas de la zona, artistas, vecinos y básicamente gente de todas las edades. El servicio es muy cortes y bien capacitado. Sus sugerencias son generalmente muy buenas y están siempre al pendiente de los comensales pero sin exagerar. Saben su trabajo y la comida llega rápidamente pero con las pausas necesarias para poder conversar cómodamente.
Su carta es muy buena. Los clásicos cortes argentinos entre los que destaca el enorme "vacío" que es mi favorito y suficiente para alimentar a un regimiento. La carne está bien preparada y nunca me ha fallado el término que he solicitado. Las empanadas son especialmente buenas y las ensaladas son sencillas y muy apropiadas para acompañar los cortes. Tienen una carta de vinos mediana pero bien pensada. Ofrecen opciones por copeo o botella a precios económicos pero de buena calidad. Además de los vinos de mesa, cuentan con una amplia variedad de licores y cocteles.
En el remoto caso de que tengas apetito por un postre, su oferta es amplia pero hay espacio para mejorar. La variedad de cafés es buena y ofrecen cualquier cantidad de digestivos.
En resumen, puedo decir sin miedo a equivocarme que cualquiera sale satisfecho y contento del Quebracho. Lo recomiendo yo que soy un tragón a quién supuestamente no le gustan los restaurantes de cadena.
Vayan. Estarán de acuerdo conmigo.
PARTE II.
Ayer domingo 18 de enero recibí una llamada de unos amigos invitándome a comer. Acepté su invitación al Quebracho de la Condesa y por esto mismo ahora publico una segunda parte.
Llegamos pasando las tres y media de la tarde y por fortuna la espera fue corta. En cosa de diez minutos nos asignaron la mesa para cuatro que solicitamos en la parte exterior ya que dos de nosotros somos fumadores. Rádidamente trajeron un perchero para colgar los bolsos de las mujeres y nos ofrecieron bebidas. Destaco que somos un grupo que bebemos poco. Pedimos una Coca de dieta, un Perrier, agua mineral nacional para mí y una michelada con cerveza corona que mi hermana disfrutó mucho.
Mientras decidíamos qué pedir, yo ataqué la canasta de pan poniéndole salsa a los bolillitos crujientes tal y como lo hacía mi abuelo. La salsa anaranjada de jitomate que no es picante combina perfectamente con el pan. En unos minutos llegó nuestra primera petición, una provoleta a la parrilla con acéite de olivo y jitomate muy buena y suficiente para los cuatro comensales. Justo al terminar, llegó nuestro bife de 800 gramos que por acuerdo pedimos término medio. La carne le presentaron exactamente término medio y con la grasa característica de este corte, cocinada a la perfección para darle más sabor. La esposa de mi amigo no sabe comer carne! Cortó una porción y le pidió a nuestro mesero que la pusieran en la parrilla nuevamente para que quedara a punto de carbón! Sin problemas acomodaron su solicitud y una vez que llegó la carne casi quemada (como a ella le gusta), la degustó acompañada de salsa arriera, chiles toreados y las cebollitas que acompañan el corte. Como un extra, pedimos las riquísimas papas souflé que son adictivas. Literalmente nos comimos hasta el platón (también elaborado con finas rebanadas de papa) y lo acompañamos con salsas.
Solamente pedimos dos copas de vino y nuestra selección fue un tempranillo de la marca Vientos del Sur. Muy bueno y a un precio muy accesible.
Quiero destacar mi nuevo descubrimiento: La Salsa Arriera! Deliciosa preparación de chiles serranos con limón, vinagre y Jugo Maggi de los cuales nos terminamos dos salseras. Si no la has pedido, hazlo en tu próxima visita.
Llegamos a los postres. El ate con queso estaba bueno, el mousse de chocolate muy aceptable pero nada de qué hablar, mi tartaleta de fresas tenía muy buen sabor, pero en mi no-profesional opinión la base de galletas molidas estaba demasiado crujiente.
La cuenta para cuatro fue de menos de $1000 pesos y todos salimos muy satisfechos.
Otro resumen: Hay que ir!